Ataques de pánico
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QUÉ ES UN ATAQUE DE PÁNICO
Un ataque de pánico es como si tu cuerpo y tu mente sintieran miedo extremo de repente, incluso cuando no hay una razón clara para tener miedo.
Más precisamente, un ataque de pánico es una reacción intensa del Sistema Nervioso Autónomo, concretamente del Sistema Nervioso Autónomo Simpático, ante estímulos o situaciones que percibimos como una señal de peligro o alerta, lo cual genera adrenalina que es la hormona que hace que entremos en este estado.
Según DSM-5, un ataque de pánico es un episodio abrupto de miedo o malestar intenso que alcanza un pico en minutos.
CAUSAS DE UN ATAQUE DE PÁNICO
Existen múltiples causas que pueden desencadenar un ataque de pánico. A continuación, se describen las más frecuentes:
Trastornos de Ansiedad
Las personas con Trastornos de Ansiedad, o que están expuestas a altos niveles de ansiedad durante un tiempo significativo, son más propensas a experimentar ataques de pánico.
Estilos de pensamiento irracionales
La tendencia a experimentar pensamientos catastrofistas, la necesidad de tener el control, o estar monitoreando señales físicas o corporales pueden contribuir a la vulnerabilidad a experimentar ataques de pánico.
Hipersensibilidad interoceptiva
Algunas personas son más sensibles a las sensaciones corporales internas, interpretándolas erróneamente como amenazas, lo que puede contribuir a la aparición de ataques de pánico.
Estrés y factores ambientales
Situaciones de alto estrés, eventos traumáticos o el estrés crónico pueden aumentar la vulnerabilidad a los episodios de pánico.
Otras fobias
La presencia de fobias específicas pueden provocar ataques de pánico cuando la persona se enfrenta a aquello que le provoca miedo.
Por ejemplo, alguien con fobia a volar puede experimentar un ataque de pánico antes o durante un vuelo.
Cambios vitales
Transiciones o cambios en la vida cotidiana, tanto positivos como negativos, pueden aumentar la probabilidad de experimentar una reacción de pánico.
Por ejemplo, cambios en el trabajo, mudanzas, rupturas, etc.
Consumo de sustancias
El uso o abuso de alcohol, otras drogas, o la cafeína pueden desencadenar o exacerbar los ataques de pánico en algunas personas.
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DEL TRASTORNO DE PÁNICO
Según DSM-5, los criterios diagnósticos del Trastorno de Pánico son los siguientes:
A. Ataques de pánico repentinos y recurrentes en los que ocurren cuatro (o más) de los siguientes síntomas:
Nota: El aumento repentino puede ocurrir desde un estado de calma o un estado de ansiedad.
- Palpitaciones, latidos cardíacos fuertes, taquicardia.
- Sudoración.
- Temblores.
- Disnea, sensaciones de sofocación.
- Sensaciones de ahogo/asfixia.
- Dolor o molestia precordial.
- Náuseas, molestias abdominales.
- Mareos, inestabilidad, sensación de desmayo.
- Escalofríos o sensaciones de calor.
- Parestesias (entumecimiento u hormigueo).
- Desrealización (sentimientos de irrealidad) o despersonalización (estar desapegado de uno mismo).
- Miedo de perder el control o de enloquecer.
- Miedo de morir.
Nota: Se pueden observar síntomas específicos de la cultura (por ejemplo, tinnitus, dolor de cuello, dolor de cabeza, gritos o llanto incontrolables). Tales síntomas no deben contarse como uno de los cuatro síntomas requeridos.
B. Al menos uno de los ataques es seguido por 1 mes (o más) de uno o ambos de los siguientes:
- Preocupación persistente por ataques de pánico adicionales o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un ataque cardíaco, “volverse loco”).
- Un cambio desadaptativo significativo en el comportamiento relacionado con los ataques (por ejemplo, comportamientos diseñados para evitar ataques de pánico, como evitar el ejercicio o situaciones desconocidas).
C. La alteración no es atribuible a los efectos fisiológicos de una sustancia (por ejemplo, abuso de una droga, un medicamento) u otra condición médica (por ejemplo, hipertiroidismo, enfermedades cardiopulmonares).
D. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p. ej., los ataques de pánico no ocurren solo en respuesta a situaciones sociales temidas, como en el trastorno de ansiedad social; en respuesta a situaciones u objetos fóbicos circunscritos, como en la fobia específica; en respuesta a obsesiones, como en el trastorno obsesivo-compulsivo; en respuesta al recuerdo de eventos traumáticos, como en el trastorno de estrés postraumático; o en respuesta a la separación de las figuras de apego, como en el trastorno de ansiedad por separación).
SÍNTOMAS DEL PÁNICO
Durante un ataque de pánico, se producen cambios psicofisiológicos en la mente y el cuerpo como resultado de la activación del Sistema Nervioso Simpático:
SÍNTOMAS FISIOLÓGICOS DEL PÁNICO
Aumento del ritmo cardíaco
El corazón late más rápido para bombear sangre a los músculos y al cerebro, para darnos energía y preparar al cuerpo para la acción.
Esto puede generar dolor o molestia precordial (dolor en el pecho).
Hiperventilación
La tasa cardíaca y la respiración están estrechamente relacionadas.
Por lo que cuando el corazón late rápido, se produce una respiración rápida y superficial, tomando más oxígeno para cargar energía y enfrentar al “peligro”.
Esto produce un estado de hiperventilación, en el cual eliminamos mucho dióxido de carbono (CO2) de nuestro cuerpo, lo que hace que sintamos ahogo (disnea) mareo, o sofoco.
Dilatación de las pupilas
La dilatación pupilar permite que entre más luz y tener mayor agudeza visual para percibir estímulos y posibles amenazas, lo que puede hacer que nos sintamos desbordados ante una alta estimulación.
Tensión muscular
Los músculos se tensan para preparar al cuerpo para la acción: luchar o huir.
Esto puede generar una sensación de rigidez, entumecimiento, hormigueo (parestesia) o parálisis.
Temblores
Son resultado de la tensión muscular y de la propia liberación de adrenalina.
Sudoración
La transpiración aumenta para enfriar al cuerpo, lo que puede generar escalofríos o sensaciones de calor.
Síntomas gastrointestinales
Ante un ataque de pánico se reduce el flujo de sangre a sistemas menos esenciales en ese momento, como el sistema digestivo.
Esto puede causar malestar estomacal o interrupciones en la digestión, nauseas, espasmos, malestar estomacal o diarrea.
SÍNTOMAS PSICOLÓGICOS DEL PÁNICO
Disociaciones
Son alteraciones o una sensación pasajera de la percepción o experiencia del mundo.
- Desrealización: Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej., el mundo alrededor del individuo se experimenta como irreal, como en un sueño, distante o distorsionado).
Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental o corporal (p. ej., como si se soñara; sentido de irrealidad de uno mismo o del propio cuerpo, o de que el tiempo pasa despacio).
Miedo a perder el control o de enloquecer
Es una forma de ansiedad caracterizada por el miedo o la creencia a perder el control de las propias acciones, pensamientos o emociones.
A menudo suele existir ansiedad anticipatoria y autoconciencia excesiva, es decir, se suele monitorear constantemente a sí mismo en busca de signos de pérdida de control, lo que puede intensificar más la ansiedad.
También suele haber hipervigilancia emocional, que es una tendencia a prestar excesiva atención a las propias emociones, temiendo que cualquier cambio en el estado de ánimo pueda ser un indicador de pérdida del control.
Miedo a morir
Creencia de que existen señales o motivos de que se está a punto de morir.
Suelen ocurrir por la interpretación irracional que se hacen de los síntomas fisiológicos propios de la reacción del miedo, lo que puede llevar a evitar actividades o situaciones que pueden considerarse peligrosas, o que han quedado asociadas a ciertos síntomas.
A veces suele existir una tendencia a la hipocondría o ansiedad a enfermar, interpretando síntomas físicos como signos de enfermedad o de muerte.
Preocupación persistente por ataques de pánico adicionales o sus consecuencias
Cambio en el comportamiento relacionado a los ataques
CÓMO FUNCIONA UN ATAQUE DE PÁNICO
Si entendemos nuestro cuerpo como un vehículo, lleno de cables y estructuras, sabemos que tenemos un Sistema Nervioso que está compuesto de otros subsistemas, entre ellos, el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), que es el que interviene en esto.
Este sistema se encarga de las funciones viscerales, es decir, de nuestros órganos internos, en concreto de: los pulmones, el corazón, el estómago, el hígado, los riñones, el riego sanguíneo, la vejiga, los genitales, las pupilas y las glándulas sudoríparas, salivales y digestivas.
No tenemos un control voluntario y consciente al 100% del SNA.
Imagínate cómo sería si tuviéramos que estar pensando y ejecutando voluntariamente, por ejemplo, nuestra respiración. Estaríamos todo el rato centrados en inspirar, espirar, inspirar, espirar, inspirar… Y así con las demás funciones viscerales. ¡No tendríamos tiempo ni atención para nada más! Necesitamos que nuestra atención quede libre para dedicarla a otras cosas, de ahí el nombre «Autónomo» de este sistema, que actúa de manera automática.
No tenemos control al 100%… pero podemos modular ciertas funciones a través de otros procesos más voluntarios y conscientes.
Por ejemplo, podemos llevar nuestra atención a la respiración de manera que, si respiramos rápido e hiperventilamos, nuestro corazón va a latir más rápido, aumentando así nuestra frecuencia cardíaca. Por el contrario, si respiramos lento y diafragmáticamente, nuestro corazón empezará a latir a un ritmo más tranquilo.
A su vez, el SNA se divide en otros dos subsistemas: el Parasimpático y el Simpático.
El SNA Parasimpático se encarga de la homeostasis, es decir, de conservar, restaurar y devolver a nuestro organismo a un estado de equilibrio después de la activación de nuestro cuerpo. Podemos decir que fomenta y predomina en los estados de relax.
El SNA Simpático que es el que se encarga de la activación, de ponernos en marcha para la acción, ¡para luchar o escapar! Porque el Simpático es nuestro sistema de lucha y huída que compartimos con otros muchos animales.
Este sistema funciona a través de la adrenalina, que es la hormona del miedo.
La respuesta es similar a la respuesta de lucha o huida que ocurre frente a una amenaza real. Sin embargo, en un ataque de pánico, la respuesta ocurre en ausencia de una amenaza externa real, por lo tanto, irracional.
Esta respuesta alcanza un pico en minutos (de intenso malestar o miedo) y después se vuelve a un estado basal (de calma). A pesar de lo mal que se pasa, un ataque de pánico no supone un peligro real. Y son siempre los mismos síntomas, que se explicaron anteriormente.
Ahora bien… ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué y para qué nuestro organismo funciona así?
Imagina que vas por la calle y de pronto una persona te pide la cartera apuntándote con una navaja. En cuestión de milisegundos interpretamos dichas señales: persona desconocida, me pide algo y me apunta con un objeto que supone un peligro para mi integridad.
Estas señales van directamente al hipotálamo, que es una estructura que no razona y que se encarga de proteger nuestra integridad. En cuanto se activa, le manda una orden a nuestros riñones y estos empiezan a liberar adrenalina en nuestro riego sanguíneo.
Y en ese preciso momento, se experimenta ese pico de adrenalina, ese ataque de pánico que nos prepara para luchar o huir.
En esta situación puede resultar útil para proteger nuestra integridad y quedar sanos y salvos. Podemos decir entonces que la señal de peligro era real.
Sin embargo, el problema ocurre cuando la señal de peligro es imaginada. Aquí entonces estaremos hablando de un trastorno o ataque de pánico, que a veces ocurre de manera espontánea y «sin venir a cuento». Por ejemplo, si nuestro organismo ha estado o está generando adrenalina porque estamos en una situación de mucho estrés.
Cuando ocurren se puede desarrollar miedo a los síntomas de la adrenalina, es decir, miedo al miedo, temiendo a la aparición de otro ataque.
Por lo que se suele intentar evitar aquellas señales, estímulos o situaciones que han quedado asociadas a un ataque de pánico, lo que mantiene dicho bucle y puede crear limitaciones vitales al evitar ciertos lugares o eventos.
Bibliografía:
– Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (2008). «Manual de psicopatología». Volúmenes I y II. Madrid: McGraw-Hill.
– Caballo, E., Salazar, V., Carrobles, JA. (2011): «Manual de psicopatología y trastornos psicológicos». Editorial Pirámide.
– «Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales». DSM-5. APA. (2014). Editorial Médica Panamericana.
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